En los últimos meses, más me enfoqué en aprobar todo que en mí mismo. En no defraudar a papá y, aunque a veces no quiera admitirlo, a mis amigos también. Porque ellos lo hacen todo bien. Y aprueban y tienen buenas notas y saben cosas que yo no.
Lo bueno es que, a fin de cuentas, lo logré y lo hice bien. Pero el bichito que había decidido habitar en mí por unos dos o tres meses decidió picarme. Ahí, en el momento y lugar menos indicado. En la situación que menos manejable se le pudo a alguien presentar. Pero yo debía seguir mis instintos, como todos dicen, ¿no?... Eso es "lo correcto"... creo.
Eso hice. Lo comenté como algo difuso, pero luego fue tajante y categórico. Había tomado una decisión que no sé si cambiaría el destino o rumbo de mi vida, pero de que haría algunos cambios, los haría. Con todo y problemas, que no son necesarios involucrar, me apoyó -como sé que siempre lo hará. Mi padre es todo para mí. Ha hecho hasta lo imposible y a pesar de haber tomado algunas malas decisiones antes, ha sabido enmedarlas de la mejor manera: con su amor incondicional.
La historia aún no tiene final. Pero falta poco para saberlo. No tengo miedo; tengo ansias. Quizá el miedo venga después... quizá no. Me estoy preparando. No diré que saldrá como espero pero sí me siento orgulloso desde ya.
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